A través del programa Compóstate Bien: Soluciones Colectivas al Problema de la Basura, 60 familias de Chiguayante comenzaron a gestionar comunitariamente sus residuos orgánicos, demostrando que el compostaje no solo reduce la basura, sino que también fortalece la organización vecinal y el cuidado del territorio.
Cuando los residuos orgánicos dejan de ser basura
Cada día, una parte importante de los residuos que generamos en nuestros hogares corresponde a restos de frutas, verduras, hojas y otros materiales orgánicos. Aunque podrían transformarse en un recurso valioso para devolver nutrientes al suelo, la mayor parte termina mezclada con el resto de la basura y es enviada a rellenos sanitarios, donde genera metano, un potente gas de efecto invernadero que contribuye significativamente al cambio climático.
Frente a este escenario, el compostaje comunitario surge como una alternativa concreta para reducir la cantidad de residuos enviados a disposición final. Pero sus beneficios van mucho más allá de la gestión de residuos: también fortalece la colaboración entre vecinos y vecinas, promueve el aprendizaje colectivo y genera nuevas formas de cuidar el entorno desde los propios barrios.
Una experiencia construida junto a las comunidades
Con ese objetivo, durante el segundo semestre de 2025 desarrollamos el programa Compóstate Bien: Soluciones Colectivas al Problema de la Basura en la comuna de Chiguayante, gracias al financiamiento del Fondo de Protección Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente.
La iniciativa reunió a 60 familias pertenecientes a la Junta de Vecinos N.º 12 Caupolicán, la Junta de Vecinos Renacer 4B y la Junta de Vecinos 15-C El Morro. A este proceso se sumó también la Junta de Vecinos Los Boldos, ampliando el alcance de la iniciativa en la comuna.
A lo largo del proyecto, las comunidades adquirieron herramientas para gestionar sus residuos orgánicos de manera colectiva, comprendiendo el compostaje no solo como una técnica ambiental, sino también como una práctica que fortalece la autonomía y el cuidado de los territorios.
Resultados que nacen de la acción colectiva
Los resultados reflejan el compromiso de las comunidades participantes. Solo durante el primer mes de funcionamiento se recuperaron 450 kilogramos de residuos orgánicos, evitando que estos llegaran a disposición final y transformándolos en compost para devolver nutrientes al suelo.
Más allá de este resultado, el proyecto permitió consolidar una experiencia que demuestra que la gestión de residuos puede construirse desde los propios barrios, mediante la participación activa de las personas y el trabajo colaborativo entre organizaciones vecinales.
Un proceso que continúa creciendo
El cierre del proyecto no marcó el final de este trabajo. Las organizaciones participantes pasaron a integrar la Red de Compostaje Comunitario del Gran Concepción, una iniciativa que promueve el intercambio de experiencias, el aprendizaje entre comunidades y el fortalecimiento de nuevos procesos de compostaje comunitario en distintos territorios.
Cada nueva compostera comunitaria representa mucho más que un espacio para valorizar residuos orgánicos. Es una oportunidad para fortalecer la organización local, avanzar hacia comunidades Basura Cero y construir territorios más resilientes frente a la crisis ambiental.


