Un huerto para sanar: comunidad de cuidados paliativos transforma su entorno con naturaleza y encuentro

Con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, pacientes, cuidadores y trabajadores del Hospital Penco-Lirquén crearon un huerto comunitario como espacio de autocuidado a través de talleres, siembras y momentos significativos.

Entre marzo y diciembre de 2024, en el marco del programa “Alivio del Dolor y Cuidados Paliativos” (PADYCP) del Hospital Penco-Lirquén, desarrollamos el proyecto “Entornos de bienestar en comunidad”, una iniciativa financiada por el Fondo de Promoción de Entornos Saludables del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, que convirtió un rincón del hospital en un espacio de encuentro, sanación y vínculo con la naturaleza.

El proyecto nació con el objetivo de ofrecer a pacientes, cuidadores y profesionales del área de cuidados paliativos una experiencia distinta: un espacio donde el autocuidado se conjugara con lo colectivo, y donde la tierra, las semillas y los cultivos pudieran acompañar los procesos humanos con dignidad, calma y propósito.

Diseño y construcción de un huerto comunitario

En el patio del Club Escolar del hospital construimos un huerto comunitario equipado con cuatro camas de cultivo con riego integrado, una compostera, un semillero, una bodega para herramientas y una llave de agua, permitiendo que la comunidad PADYCP contara con un espacio funcional, accesible y lleno de vida.

Esta infraestructura fue el punto de partida para un proceso participativo que incluyó aprendizajes, prácticas y momentos compartidos en torno a la tierra y los ciclos de cultivo.

Talleres, siembras y momentos significativos

A lo largo del año, realizamos 10 jornadas que incluyeron 20 talleres sobre bienestar, agroecología y huertos comunitarios. En estos espacios se abordaron temas como la planificación de cultivos según el calendario agrícola, el cuidado de los almácigos, y prácticas de compostaje, combinadas con momentos simbólicos de profunda conexión, como intercambios de semillas, la construcción de un altar en la huerta y reflexiones sobre el cuidado mutuo.

En julio realizamos la primera siembra colectiva, plantando lechugas, ciboulette, acelgas y otras especies comestibles, que continúan creciendo y alimentando no solo el cuerpo, sino también el ánimo y la esperanza de quienes forman parte de esta comunidad.

Un espacio que florece más allá del cultivo

Este huerto ha demostrado ser mucho más que un espacio de producción: es un lugar donde cada participante deja su huella y se lleva consigo un aprendizaje, donde la vida y el cuidado encuentran una expresión concreta en la tierra trabajada con sentido colectivo.

El proyecto ha beneficiado directamente a 61 personas, reforzando la importancia de los entornos saludables y naturales como aliados en los procesos de salud, emocionalidad y comunidad.



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